Terreno donde se celebraba la fiesta indígena de El Volador

José María Pino Suárez número 2.
En 1521 este lugar estuvo dedicado a los juegos, las corridas de toros
y la fiesta indígena de El Volador. En 1932, el extenso terreno
sirvió para construir la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

En este lugar los tiempos se combinan en un largo sueño urbano. Los emblemas de la ciudad acuden entre sombras. Un juego azteca le dio nombre a la Plaza del Volador, los conquistadores eligieron este espacio para realizar las primeras corridas de toros, en la plaza ocurrieron los autos de fe del Santo Oficio. Con el tiempo fue un mercado al que llegaban por la Acequia Real, hoy Corregidora, frutas y verduras. Al mismo tiempo, al oriente de la plaza estaba la universidad. En el centro de aquella plaza erigieron una estatua de Antonio López de Santa Anna que una turbamulta enardecida echó abajo. El tiempo todo lo transforma, al final se construyó en ese gran solar la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Los nombres más antiguos persisten en la memoria de las personas. Ese terreno se llamó también Plaza de las Escuelas y Plazuela de la Universidad, pero nunca dejó de llamarse Plaza del Volador donde, muchos años después de la caída de Tenochtitlán, los indígenas volvían para jugar en ese volantín, un tronco del cual pendían los caballeros aztecas.

El edificio de la Suprema Corte es obra del arquitecto Antonio Muñoz García y las primeras piedras se pusieron en 1935. Una construcción art déco que inauguró el presidente Manuel Ávila Camacho en 1941.


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