Templo de la Concepción

Belisario Domínguez número 7.
Templo de la Concepción. Aquí estuvo el más grande y antiguo convento de monjas que hubo en la Nueva España, 1530.

El convento de monjas más antiguo, extenso y rico en fondos que hubo en la Ciudad de México, el Convento Real de Nuestra Señora de la Concepción, fue fundado «veinte años después de la toma de la capital por los conquistadores», según relata José María Marroqui. Quedó situado en la última manzana de la traza de la ciudad, hacia el lado poniente, en terrenos del conquistador Andrés de Tapia. Según Marroqui, el aspecto del rumbo era siempre triste: «no había una casa, sólo se veían las puertas cerradas y polvorientas de los locutorios».

La inundación del año 1629 arruinó el edificio, reconstruido en su totalidad bajo el patrocinio de Simón de Haro. Manuel Rivera Cambas asegura que el flamante convento brindaba «todas las comodidades que hacen menos pesada la vida» y fue habitado por «damas descendientes de la nobleza, con el prestigio de la juventud, la gracia y los dones».

El convento invadió lugares circunvecinos y en poco tiempo dejó de ser un solo edificio para convertirse «en muchos unidos, concentrados los unos en los otros»: toda una ciudad en miniatura con patios, huertas, celdas, corredores e incluso diminutas residencias en que habitaban las monjas más acaudaladas.

En este sitio profesó Úrsula del Espíritu Santo, hermana de los criollos que conspiraron contra el rey en 1566, Alonso de Ávila y Gil González, y a la que éstos enclaustraron de por vida para alejarla de un amante pobre. Según la leyenda, Úrsula enfermó de mal de amores y se colgó de un durazno que había en la huerta. Su sombra apareció durante años reflejada en el agua de la fuente.

La demolición del convento, a lomos de la Reforma, comenzó en febrero de 1861 e hizo nacer una breve calle que perdura hasta nuestros días, la Calle del Cincuenta y Siete.

El templo construido en el siglo XVII se conserva en pie.


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