Salón Madrid

Belisario Domínguez número 77.
Salón Madrid: Esta cantina, favorita de los estudiantes de la Antigua Escuela de Medicina, es una de las más antiguas de la ciudad.

El porfiriato trajo a México el bar, en cuyas barras de caoba y reservados de terciopelo era posible comentar entre bocks de cerveza helada y ráfagas de ajenjo carabinier las murmuraciones del día.

De la una de la tarde en adelante, militares, abogados, empresarios, periodistas, jóvenes currutacos y trasnochadores empedernidos batían las puertecillas del bar, provistas con goznes de resorte. Los escritores modernistas hicieron de ese espacio el gran santuario de la improvisación y la bohemia.

En el mundo porfiriano hubo bares o cantinas —palabra italiana ésta que alude al lugar de abastecimiento de vinos y comestibles— prácticamente en cada calle. Fueron famosos el Congreso Americano, favorito de los empresarios yankees; el New Orleans, célebre por sus cocktails; La Fama Italiana, que frecuentaban actrices e ídolos del toreo; el Salón Flamand, famoso por su bitter curazao, así como el bar La Alhambra, «congestionado de genios», como lo definió el poeta Tablada, y al que asistía Amado Nervo.

Las cantinas formaron parte de la vida del centro hasta que la cultura del «antro» se las llevó. El Salón Madrid, inaugurado en 1896 en los portales de Santo Domingo, es uno de los últimos bastiones de aquel tiempo desaparecido. Favorito de los alumnos de la Antigua Escuela de Medicina, cuando ésta se hallaba en el Palacio de la Inquisición, fue conocida como La Policlínica. La leyenda afirma que en 1929, los líderes estudiantiles fraguaron en sus reservados la autonomía universitaria.

Venida a menos ella también, una serie de placas colocadas en sus muros, por varias generaciones de médicos, recuerdan horas de regocijo vividas en aquella «segunda Universidad».


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