Residencia de los condes de San Bartolomé de Xala

Venustiano Carranza número 73.
Esta antigua residencia, obra del genial arquitecto Lorenzo
Rodríguez, perteneció a los condes de San Bartolomé de Xala.

En ruinas durante muchos años, la casa de los condes de San Bartolomé de Xala fue uno de los lugares más inquietantes y misteriosos del viejo Centro. Su fachada con doble portada, que ornamenta el rostro de unos niños que flanquean los balcones; el arco del patio, inscrito con la fecha de construcción y los nombres del propietario y el arquitecto; la espléndida escalera, vigilada sorpresivamente por la escultura de un sirviente negro: todo reflejaba el esplendor de tiempos idos y explicaba el epíteto que el viajero inglés Charles Latrobe asestó a la Ciudad de México: la Ciudad de los Palacios.

Manuel Rodríguez Sáenz de Pedroso, primer conde de Xala, puso en manos del arquitecto Lorenzo Rodríguez, autor del Sagrario Metropolitano, la construcción del palacio. La edificación demoró dos años: «Se empezó esta casa en 1º de enero de 63 y se acabó en 31 de julio de 1764», puede leerse en el arco.

Las monjas capuchinas, relata un cronista, se escandalizaron porque desde lo alto de este palacio de tres pisos se podía mirar al interior de su convento. La queja, sin embargo, no fue atendida y el arquitecto Rodríguez —que según Ernesto Sodi sacó el churrigueresco de los retablos, lo llevó a la calle y lo plasmó en piedra— pudo culminar la construcción a su entero gusto.

Entre las fiestas rumbosas que se verificaron en su interior figura la boda de la hija de los condes de Xala con el segundo conde de Regla.

En el siglo XIX, el edificio quedó deshabitado. Los espacios ocupados por la portería, las cocheras y las caballerizas fueron habilitados como bodegas, fondas y cocinas. De ese modo atravesó el siglo XX.

El palacio fue adquirido hace unos años por Carlos Slim y convertido en un Sanborns. Esto le robó su antigua personalidad. La casona ha recuperado, sin embargo, algo de su brillo perdido.


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