República de Uruguay, primera calle iluminada

República de Uruguay.
La Ciudad de México pasó los primeros dos siglos de su existencia a
oscuras. En 1783 una calle se iluminó: era la de don Juan Manuel,
que corresponde a nuestra actual República de Uruguay.

En un tramo de República de Uruguay hay una placa de talavera que dice: «Ésta fue la primera calle de la ciudad que tuvo alumbrado público. 1783».

Uruguay llevó el nombre, en tiempos del virreinato, de Calle de don Juan Manuel. No es extraño que la leyenda del asesino que noche a noche salía a matar, justo a las once, a quien pasara por su casa, se haya fincado en esta calle. Manuel Payno la describió como una de las más lóbregas y solitarias de la ciudad.

Ahí se hizo la luz, sin embargo.

Para instalarse, el alumbrado debió sostener una ardua batalla contra las sombras. Para imaginar cómo fue la vida en una ciudad a oscuras, se debe citar nuevamente a don Artemio:

No había más luz que la tembloreante y débil de las lamparillas de aceite que encendía la piedad ante los nichos de los santos. En las primeras horas nocturnas lanzaban las tiendas hacia la calle su cuadrilátero iluminado; al toque de Ánimas, ocho de la noche, todos los comercios quedaban cerrados, con lo cual la sombra era ya la única dueña de la rúa, silenciosa y desierta.

En 1783, los opulentos vecinos de esta calle instalaron, de trecho en trecho y por su propia cuenta, acaso para paliar la inseguridad que por aquellos años asolaba a la Ciudad de México, una serie de brillantes faroles que, según don Artemio, debieron dejarla «bien aluzada». Dos años más tarde se expidió un bando que ordenó que se pusieran «faroles uniformes» frente a «boticas, pulperías, cahuaterías, panaderías, vinaterías, tocinerías, casa de juego de trucos, mesones y casas de vecindad».

Comenzaba así la derrota de las sombras. Tocó al excelente virrey de Revillagigedo instalar en 1790 varios centenares de faroles y crear a uno de los personajes más entrañables en la memoria urbana: el sereno, encargado de alimentarlos y dar la hora y el tiempo.


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