Real Convento de Jesús María

Jesús María número 39,
Real Convento de Jesús María. En este convento fue confinada
Micaela de los Ángeles, hija ilegítima del rey Felipe II,
y muerta en la locura en 1586.

El arzobispo Pedro Moya de Contreras llegó a la Nueva España con una misión terrible: instalar el Tribunal de la Santa Inquisición. Moya de Contreras traía de la mano a una niña de poco más de dos años, a la que daba el título de sobrina y a la que se rodeó de inmediato de comodidades. Carlos de Sigüenza y Góngora afirma que la niña era tratada «con más altos respetos de los que a la nobleza y merecimientos del tío se le debían». Pero nadie sabía por qué. La niña, cuyo nombre religioso era Micaela de los Ángeles, fue enclaustrada en el convento de Jesús María, acompañada por su aya, la madre abadesa Isabel Bautista.

Este convento había sido fundado por el padre Pedro Tomás de Denia, a quien dolía el estado de pobreza en que habían caído algunas de las descendientes de los conquistadores. Jesús María era en consecuencia el único convento del virreinato que no cobraba dote a las novicias que deseaban ser admitidas y por ello el convento más pobre y precario que existía en el Nuevo Mundo.

Todo cambió de pronto. Jesús María se convirtió en uno de los claustros más suntuosos y elegantes de la Nueva España. Sigüenza afirma que el rey Felipe II había accedido a convertirse «en especial patrón de este convento», al que concedió sesenta mil ducados, a cambio de que Micaela fuera enclaustrada para siempre. De acuerdo con el sabio novohispano, el «motivo del voluntarioso empeño y la liberalidad magnífica» del soberano español no era otro que ocultar, ante los ojos del mundo, el fruto de unos amores prohibidos —que, creen algunos, sostuvo con la hermana del inquisidor Moya de Contreras.

El fin de la infanta bastarda fue trágico. Perdió la razón poco después de cumplir 13 años y murió sin que «las diligencias de la medicina le restauraran el juicio».


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