Plaza Guardiola

Madero, Plaza Guardiola.
En esta plaza, por la que entró a México el Ejército Trigarante, Agustín de Iturbide recibió las llaves de la ciudad el 27 de septiembre de 1821.

«Amaneció esplendoroso aquel día memorable», recordó uno de los autores de México a través de los siglos. Después de una lucha de diez años, el Ejército de las Tres Garantías, compuesto, según la proclama de Agustín de Iturbide, por «soldados que habían peleado casi desnudos para hacer a la patria independiente», entraba finalmente a la ciudad.

La gente, relata Julio Zárate, se agolpaba en las calles. Las casas estaban adornadas con flores y vistosas colgaduras que ostentaban los colores adoptados en Iguala.

Montado en imponente caballo negro y seguido por un nutrido cortejo de personalidades, Iturbide entró por Bucareli, dobló en Corpus Christi (hoy Avenida Juárez) y se detuvo en la Plaza de Guardiola, bajo el arco triunfal que lo esperaba. El alcalde más antiguo del Ayuntamiento le presentó unas llaves de oro que el caudillo militar devolvió con gesto elegante.

La Plaza de Guardiola, conocida así por la residencia en que habitara a fines del siglo XVII Juan Ildefonso de Padilla, segundo marqués de Santa Fe de Guardiola, iba a convertirse desde entonces en puerta de acceso a la sede del poder. Por esta plaza entraron Santa Anna, Juárez, Madero, Villa…

Maximiliano intentó embellecerla y colocó en ella la estatua de Morelos que hoy se encuentra en el rumbo de Tepito. El empresario Manuel Escandón adquirió el opulento palacio de los marqueses que daban nombre a la plazoleta y lo convirtió en una hermosa mansión adornada con un jardín inglés y cuatro esculturas de perros y leones —por las que fue conocida como «la Casa de los Perros».

En 1938, la mansión fue demolida. Carlos Obregón Santacilia levantó en su lugar, con fachada de chiluca y suntuosos revestimientos de mármol en lambrines y pisos, el Edificio Guardiola, representativo de la escuela funcionalista.


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