Monumento a Enrico Martínez

Plaza del Marqués, entre las calles 5 de Mayo y Tacuba.
Monumento dedicado al cosmógrafo, historiador e impresor alemán
Enrico Martínez. Miguel Noreña fundió esta efigie en 1878.

Se llamaba de nacimiento Heinrich Martins, un cosmógrafo alemán que llegó a México en 1589. Políglota, intérprete del Santo Oficio, impresor e historiador. Su vida, acosada por las visiones de sus mapas y trazos, retrata a la Ciudad de México con una fidelidad de espanto.

En el año de 1607, el cosmógrafo se hizo cargo de la construcción del desagüe de la Ciudad de México. Su misión fue y ha sido imposible: solucionar las inundaciones de la ciudad. La poderosa mente científica de Martins ideó construir el Tajo de Nochistongo, que desde ese lugar avanzaría hacia el río Tula con aguas de sobra, y luego al río Cuautitlán, y luego a Texcoco.

En el año de 1629, las primeras lluvias refrescaron los edificios del siglo XVII. Pero la lluvia se convirtió en un diluvio. El diluvio inundó poco a poco la ciudad, el fango en las calles las convirtió en lodazales primero, y en charcas de agua sucia después. Los lagos se inundaron entre sí como cuencos que se desparraman uno sobre otro, hasta que el lago de Texcoco descargó toda su fuerza sobre la pequeña ciudad. La inundación más grande que se recordara en la Nueva España la convirtió en un muladar de epidemias, animales muertos sobre el agua, olores fétidos. Duró cinco años. Leyó usted bien: cinco años de agua, de putrefacción y cimientos derruidos. El monumento estuvo originalmente en la calle Seminario y bautizó a la antigua cantina El Nivel.


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