Lugar donde falleció el compositor Felipe Villanueva

Belisario Domínguez número 37.
Aquí falleció en 1893 el gran compositor mexicano Felipe Villanueva, autor del Vals poético.

«Con decir el Vals poético está dicho todo», escribió Julio Sesto en La bohemia de la muerte. Desde la primera vez que fue escuchado, este célebre vals de Felipe Villanueva se convirtió en la insignia musical del porfiriato. Elegante, nostálgico, delicado, recogió todas las aspiraciones de una época: oírlo es evocar imágenes, anécdotas. «Es una de esas piezas que reflejan fielmente el gusto de una generación», anota el escritor Eusebio Ruvalcaba.

Felipe Villanueva nació en 1862 en Tecámac, Estado de México. Aprendió a tocar el órgano gracias a un organista de parroquia y adquirió de un hermano suyo el conocimiento del violín. Tenía once años cuando marchó a la Ciudad de México; para entonces había escrito, y estrenado en su escuela, una pieza titulada Retrato de Hidalgo.

La Ciudad de México lo recibe en 1872 plena de aspiraciones cosmopolitas. Villanueva ingresa en el Conservatorio Nacional. Como si supiera que todo terminaría muy pronto, vive una existencia meteórica. Perfecciona sus estudios de piano con Antonio Valle y Julio Ituarte; funda un Instituto Musical con Ricardo Castro y Gustavo E. Campa; inaugura una Sociedad Anónima de Conciertos. Para sobrevivir, imparte clases de piano. No tarda en ser reconocido como el maestro de moda: «todo México» le abre las puertas. Villanueva compone mientras tanto mazurcas, popurrís, zarzuelas, nocturnos.

Una noche, el joven maestro comienza a toser. La tuberculosis lo devora. Sesto afirma que fue abandonado «cuando su vida pudo salvarse». Muere en 1893, en una modesta vivienda de la entonces calle de San Lorenzo.

Su obra maestra, el Vals poético, es descubierta tiempo después en el Conservatorio y grabada en un disco con orquestación de su amigo Gustavo E. Campa. El vals insignia del porfiriato muy probablemente jamás se escuchó en el tiempo que lo hizo posible.


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