Lugar de los primeros baños de vapor públicos

Filomeno Mata número 11.
Manuel Codorniú abrió aquí los primeros baños de vapor públicos de la ciudad, 1824.

«En la calle de los Betlemitas, hoy día de Filomeno Mata, en la casa que lleva el número 11, se encontraban los primeros baños de vapor que existieron en esta ciudad», escribe Artemio de Valle-Arizpe.

Dichos baños se hallaban en la parte trasera del inmenso caserón que había pertenecido a Antonio de Vergara Urrutia, el aristócrata que a mediados del siglo XVIII legó a la ciudad la primera estación de bomberos. Fueron fundados en 1824 por Manuel Codorniú, quien según don Artemio pidió licencia para establecerlos al famoso Congreso que ese año redactó la Constitución.

El cronista José María Marroqui indica que en aquel establecimiento había baños de «placeres», baños medicinales —«de cualquier especie que se recetaran»— y baños de vapor.

El «placer» era una pileta forrada de azulejos poblanos, colocada casi siempre en un cuarto ubicado al lado de una cocina: «Por un canalillo se echaba el agua que iba a dar a la bañera y por él salía también la voz imperativa del que estaba en ella pidiendo que se vertiera más caliente o más fría para entibiar ésta y dejarla al gusto del cuerpo», relata Valle-Arizpe.

Entre los baños públicos más antiguos de la ciudad figuraron los del convento de San Camilo, ubicado en la calle de Regina. En estos baños había piletas para practicar la natación y lavar las cabalgaduras. El imprescindible Valle-Arizpe informa que en tiempos del virrey de Fuenclara hubo unos baños en la Cerrada de la Misericordia (hoy Mariana Rodríguez del Toro Lazarín), en los que hubo departamento de hombres y, muy retirado, departamento de mujeres («porque juntos, ya se sabía, se originaban muy grandes pecados»).

Muchos años después, en el establecimiento general de baños públicos de Codorniú, un francés recién llegado a la ciudad abrió los primeros baños de «agua voluntaria», dotados con llaves de agua caliente y fría: se iban para siempre los años del «placer». ¡Llegaba la era del regaderazo!


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