Librería Porrúa

República de Argentina número 15.
En este predio estuvo la casa del regidor Luis de Castilla.
Desde 1910 alberga la Librería Porrúa.

En el año de 1900, en la calle de San Pedro y San Pablo, apareció este anuncio: «Compramos bibliotecas». Lo colocó Indalecio Porrúa, un asturiano que desde 1888 vivía en la Ciudad de México y acababa de invitar a sus hermanos —José y Francisco— a dedicarse a la compra-venta de libros de ocasión.

Los Porrúa lograron adquirir bibliotecas importantes, como la del escritor Vicente Riva Palacio o como la de los hermanos Abadiano, célebres libreros del XIX. Ocho años más tarde, su catálogo se había consolidado: para leerlo completo había que revisar 154 páginas con títulos clasificados por materias.

En 1910, su librería pasó a un edificio de notable fachada colonial, en la esquina de Justo Sierra y República de Argentina. En esa casa vivió, en el siglo XVI, el regidor Luis de Castilla, uno de los hombres más ricos e influyentes de su tiempo: sus hijos fueron los primeros inscritos en la Real y Pontificia Universidad de México; una de sus hijas está en el origen de los opulentos condes de Santiago de Calimaya.

En esa casona solariega, los Porrúa fincaron una editorial y publicaron su primer libro: Las cien mejores poesías líricas mexicanas (1914). No dejaron de editar nuevos títulos hasta formar algunas de las colecciones imprescindibles de la imprenta mexicana: la de Escritores Mexicanos (1940) y la «Sepan cuantos…» (1959), bautizada así por Alfonso Reyes, y gracias a la cual sucesivas generaciones de lectores cruzaron las puertas de la literatura, hechizados por un catálogo fino, delicado, extraño: Verne junto a Hume, Casona al lado de Sófocles, Platón, Payno, Güiraldes y Aristóteles junto a Dante, Shakespeare, Alejandro Dumas, Victor Hugo y Herrera y Reissig…

Detrás de aquel catálogo se hallaba un personaje que eligió el anonimato como forma de alimentar su pasión inquebrantable por los libros: el bibliógrafo Felipe Teixidor.


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