Las Fábricas Universales

5 de Febrero y Venustiano Carranza.
Este edificio albergó uno de los primeros grandes almacenes
de la ciudad, Las Fábricas Universales, en 1909.

En 1821 los hermanos Arnaud, migrantes del valle de Barcelonette, inauguran frente a la Plaza del Volador una tienda de ropa y artículos de importación conocida como Las Siete Puertas. La fortuna fabulosa que amasan en unos años desata en la segunda mitad del siglo XIX una cascada migratoria compuesta por barcelonettes que intentan hacer dinero en tierras mexicanas.

En los años finales de aquel siglo, la ciudad cuenta con una decena de almacenes de ropa que importan de Francia la mayor parte de sus inventarios. El Correo Francés, El Palacio de Hierro, El Centro Mercantil, Las Fábricas de Francia: los viejos cajones de ropa de tiempos de la nao de China son desplazados por grandes almacenes instalados en suntuosos edificios.

Había terminado la era del mostrador a cargo de un dependiente tramposo y desaliñado. Desaparecía también el regateo. El nuevo estilo disponía de empleados impecables y artículos a precio fijo dispuestos de manera incitante.

En 1905, el dueño de Las Fábricas Universales puso en manos del ingeniero Miguel Ángel de Quevedo unos planos diseñados en París. Surgió así un palacio deslumbrante, de estilo art nouveau, finamente decorado con azulejos y grandes ventanales que terminan en forma de arcos. Sus cinco pisos fueron rematados por un domo similar al de la tienda parisina Au Bon Marché, del boulevard Haussmann.

La obra de Quevedo roba el aliento. Lo he escrito antes: es como si una esquina de París hubiera sido injertada en la Ciudad de México.

El edificio de Las Fábricas Universales es sin duda el más extraordinario de un antiguo corredor comercial porfiriano del que formaron parte Liverpool, París-Londres y Al Puerto de Veracruz.

El inmueble, ampliado en 1947, sigue fiel a su vocación comercial.


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