Fortaleza de las Atarazanas

Terrenos donde ahora se encuentran el templo
y la garita de San Lázaro.
Más allá de los límites del barrio de La Merced se levantó
la primera construcción española de la Ciudad de México:
la fortaleza de Las Atarazanas.

La historia de la Ciudad de México vuelve con frecuencia a su origen lacustre. El mercado de La Merced y sus alrededores fueron agua e islotes perdidos en ella. Esa zona era el oriente de Tenochtitlán. Hernán Cortés aprovechó los islotes para fundar la ciudad pese a las opiniones contrarias de sus capitanes. La primera construcción española fue una fortaleza donde se guardaron las armas, las municiones y el resultado de la audacia y la inteligencia de Cortés y sus conquistadores, los bergantines con los cuales derrotó a los mexicas. A ese bastimento se le llamó Las Atarazanas. Fueron trece los bergantines con que Cortés atacó a los mexicas. Cuando en un exceso de audacia e inocencia, Cortés decidió partir a Las Hibueras con la intención de someter a Cristóbal de Olid, hizo varios nombramientos; en Las Atarazanas nombró a Francisco de Solís como Alcaide y Capitán de Artillería. Cuenta José María Marroqui que «no fue éste el primer lugar donde el Conquistador atracó sus barcos; en los días de la conquista los tuvo en otro, que corresponde al extremo oriental de la calle de Santa Teresa y principio de la del Hospicio de San Nicolás, de donde provino que a éste se le llamara Las Atarazanas Viejas y al de la Merced Atarazanas Nuevas».


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