Fábrica de cigarros El Buen Tono

Buen Tono y Ernesto Pugibet.
Aquí, cerca de la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe,
se estableció la fábrica de cigarros El Buen Tono,
cuyo propietario fue Ernesto Pugibet.

Ernesto Pugibet adquirió la iglesia y los edificios anexos de lo que fue el convento de San Juan de la Penitencia, que había reemplazado a la antigua Ermita de San Juan Bautista. El dueño derruyó el templo en el año de 1909 y construyó uno nuevo: el templo de Nuestra Señora de Guadalupe conocido como iglesia del  Buen Tono. En ese tiempo la ciudad pensó alcanzar su transformación definitiva: el periódico El Imparcial circulaba desde muy temprano, el teléfono y el telégrafo lograron reducir las distancias, los tranvías eléctricos iban y venían por las calles y más rápidamente que los coches de mulitas. Las calles de México apenas toleraban la circulación de 2 400 vehículos. Los sonidos de la ciudad eran los del cilindrero, los pregones de los vendedores ambulantes, el grito del ropavejero, el llamado de los afiladores, los voceadores, los billeteros de lotería. Algunos de esos pregones han atravesado los años y llegado a nuestros días, como si el tiempo no hubiera pasado.

Todo parecía cambiar cuando el nuevo siglo subía el telón, también la vida privada de la ciudad: los baños ingleses aparecieron en las casas porfirianas a finales del siglo XIX y se hicieron comunes en los primeros años del XX. Pero las bacinicas bajo la cama de las recámaras aún gozaron de salud.


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