El Centro Mercantil

16 de Septiembre número 82.
Porfirio Díaz inauguró aquí, el año de 1899, el Centro Mercantil, gran fruto de la modernidad del fin de siglo mexicano.

La primera obra art nouveau de la Ciudad de México comenzó a levantarse en la calle de Tlapaleros esquina con Portal de Agustinos (hoy 16 de Septiembre y Plaza de la Constitución) en el año de 1895. En febrero había muerto Manuel Gutiérrez Nájera, el gran cronista de los sueños porfirianos, de los vestíbulos teatrales, de la peluquería Micoló, del Café La Concordia.

Aquello era un sueño hecho realidad: un gran almacén con instalación eléctrica, elevadores, agua caliente, buzones de correo, estaciones telegráfica y telefónica. Casi un hotel. El Centro Mercantil cruzó un siglo de la historia de la ciudad. Cerró sus puertas en 1958. Diez años más tarde se abrió el Gran Hotel de la Ciudad de México.

Ese terreno de la calle de Tlapaleros, cuenta Marroqui, fue uno de los primeros terrenos con dueño en la ciudad, se le otorgó a Rodrigo de Albornoz. En ese lugar levantó aquel español una casa de dos plantas. En la parte baja, los agustinos construyeron un portal. En ese espacio nadie podía instalar cajones de venta, por algo se llamaba Portal de Agustinos.

En esa calle se establecieron comercios de «colores, yeso, cola, tízar, esponja, brochas, pinceles y otros objetos análogos, que se usan en la industria y en las artes, principalmente en la de la pintura. La circunstancia de haberse establecido en el pedazo dicho de esa calle de tiendas de tlapalería fue causa de que le dieran el nombre que lleva porque antes tenía el nombre común de la calle de la Acequia».


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