Convento de Santa Isabel

En el terreno que hoy ocupa el Palacio de Bellas Artes antes estuvo el convento de Santa Isabel, que Catalina Peralta mandó construir en 1601 para vivir apartada el mundo. Fue demolido en 1860.

No todo mundo sabe que donde se encuentra el Palacio de Bellas Artes estaba el Convento de Santa Isabel, un lugar hermoso y ancho situado casi en las afueras de la traza vieja de la Ciudad de México. La fundadora fue doña Catalina Peralta, dama virreinal «siempre lujosa, sonando sedas y con relumbres de joyas», cuenta el cronista Artemio de Valle Arizpe. Fue hija de un conquistador y viuda de Agustín Villanueva Cervantes, quien fundó un rico mayorazgo.

Oigan esta historia del pasado que resuena en el presente: «Este convento se hundió bastante debido a lo cenagoso del terreno en que estaba fundado; quedó todo deteriorado y pronosticaba inminente estrago, por lo que se tuvo que demoler gran parte y ya sobre lo sumergido en el subsuelo, en donde encontró la firmeza necesaria, se elevó muy sólido el nuevo edificio con vastos muros. Esto se le dijo al arquitecto italiano Adamo Boari, quien iba a edificar en este sitio el pesadísimo Teatro Nacional, pero no quiso dar crédito a tan oportuna advertencia, creyó que era cuento de viejas tras el fuego, pero al fin se convenció de que no se le mentía al abrir los hondos cimientos en donde encontró enterrados los muros del primitivo convento y, además, el sepulcro de la fundadora, doña Catalina de Peralta, que estaba sepultada en la iglesia a poca profundidad y fue a dar hasta muy bajo».


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