Casino Alemán

López número 23.
Aquí estuvo el Casino Alemán, fundado a mediados
del siglo XIX, al cual asistían los miembros de la pequeña colonia
alemana avecindada en la Ciudad de México.

«Alemán y honesto / Activo y libre / Alegre y piadoso», tal era el lema que distinguía el esfuerzo que en 1848 desplegó un grupo de alemanes para crear un casino que en el exilio mexicano replicara la voluntad de unión de los pueblos germanos en el Viejo continente. Tuvo dos sedes: la primera en el número 7 de la calle de San Francisco, hoy Madero; la segunda en el número 1 de la calle de La Profesa. De esa pequeña colonia surgió la firma Siemens y Halske, cuyos dueños le propusieron a Porfirio Díaz la electrificación de todo el centro de la ciudad. Algunos años atrás, Lucas Alamán describía así las calles de la ciudad: «La Ciudad de México se ha engrandecido y hermoseado con magníficas casas, en cuyos almacenes se ostentan las alhajas más preciosas y todos los artículos del lujo más preciado: pero las calles en que están construidos estos suntuosos palacios, en que brillan tantos diamantes y sederías, tiene un empedrado en que apenas pueden rodar los soberbios carruajes con hermosos caballos que por ellas transitan, y muchas son depósitos de inmundicias que forman el más chocante contraste con la hermosura de las casas que en ellas hay».

Pero el Casino Alemán, una casa construida para el mimo y la supervivencia del orfeón germano (Deutsche Liedertafel), estaba seguro de que la cultura y la civilización de la Madre Patria lograrían superar esos restos de barbarie.


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