Casas del Mayorazgo de Guerrero

Moneda número 14, también número 16.
Casas del Mayorazgo de Guerrero. Esta casa, conocida como
del Sol y la Luna, fue remodelada por Francisco de Guerrero
y Torres en el siglo XVIII.

Escribe un antiguo cronista: la función de la leyenda consiste en perfumar la historia. En la calle de Moneda se levantan dos casas gemelas a las que separa otra calle: Correo Mayor. A lo largo de ocho generaciones, estas casas fueron propiedad de los descendientes de Juan Guerrero de Luna, fundador, a finales del siglo XVI, del Mayorazgo de Guerrero.

Ambas construcciones fueron remodeladas dos siglos después por el arquitecto Francisco Guerrero Torres, responsable de muchos de los grandes palacios de la ciudad. Guerrero Torres adosó al parapeto de la construcción relieves sorprendentes, asociados con el culto a la Virgen María: rosas, azucenas, hojas de acanto, una torre, una palmera, una fuente, un pozo.

Entre ellos, dos relieves, que representan al sol y a la luna, dieron pie a una leyenda que circula desde el siglo XVIII. Puede resumirse así: un virrey de la Nueva España obsequió una casona suntuosa al matrimonio formado por Enrique de Luna y doña Sol Olmedo. La casa se hallaba a un costado del palacio virreinal: el propósito secreto de Su Excelencia era estar cerca de doña Sol. Al advertir esta intención, don Enrique demolió la casa e hizo construir otra que estuviera «en consonancia con los merecimientos de su mujer y dueña». Para probar que sus nombres quedarían unidos para siempre, en la esquina de Moneda mandó tallar una luna que denotara su apellido; y en la del Indio Triste (hoy Correo Mayor) hizo labrar un sol que dijera «el lindo nombre de su esposa».

En la casa principal, ubicada en el lado occidental de Moneda, estuvo durante todo el virreinato la residencia de la familia Guerrero. La casa del lado oriente se reservó a la servidumbre y fue empleada como almacén. En una de las accesorias de esa casa instaló su taller varias años más tarde el célebre ilustrador José Guadalupe Posada.

La casa principal se convirtió en Conservatorio Nacional en 1914. Rufino Tamayo dejó ahí un fresco dedicado a la música.


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