Casa donde nació Chava Flores

Soledad número 66.
En esta casa nació Chava Flores,
el cronista musical de México.

Si fuera necesario ponerle música a las historietas de Gabriel Vargas, esa música tendría que ser la de las canciones de Chava Flores. Chava Flores es a la música lo que Gabriel Vargas a la historieta: el cronista de una ciudad fatalmente atada a su idiosincrasia («¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?»), al callejón sin salida de sus usos («Sábado, Distrito Federal», «La tertulia»), al rotundo fracaso de su urbanización («Vino la Reforma»), a la corrupción y su símbolo más representativo, «la mordida», y también a sus patios de vecindad, sus tendederos, su «ropa de asolear» y sus amores pronunciados entre tacos de suadero, «de bofe y de cuajar».

Como Gabriel Vargas, Salvador Flores Rivera —nacido en 1920 en la calle de Soledad 66— quedó huérfano de padre y tuvo que hacerse cargo del sostenimiento de su familia. Cobrador, abonero, vendedor de corbatas, empleado de un taller de costura, encargado de almacén, administrador de una ferretería y también repartidor de carne a bordo de una camioneta, Chava Flores penetra en todos los rumbos de la ciudad que luego cronicará en sus canciones con un inmenso sentido satírico: «Desde las doce ya no hay dónde parar el coche / ni un ruletero que lo quiera a uno llevar / llegar al Centro, atravesarlo es un desmoche / un hormiguero no tiene tanto animal».

En 1952 graba tres canciones de éxito incendiario: «Dos horas de balazos», «Peso sobre peso» y «La interesada». La ciudad lo unge de inmediato como su «cronista cantor». Vendrán más de 250 composiciones que recogen el habla cotidiana y diversas escenas de la vida diaria: pequeños himnos llenos de fuerza e ingenio que el barrio repite para mirarse, consolarse, divertirse, reírse un poco de sí mismo.

Chava Flores muere en 1987. Dejó un libro de memorias que habla de sus orígenes y de los sitios de la ciudad donde vivió: Relatos de mi barrio: crónica musical de la Ciudad de México.


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