Casa de los condes de Santiago Calimaya

José María Pino Suárez número 30.
Casa de los condes de Santiago Calimaya. Esta casa es uno de los
ejemplos más notables de la arquitectura civil del siglo XVIII. Fue
concluida en 1779 por el arquitecto Francisco Guerrero y Torres.

Hubo un tiempo en que la calzada de Iztapalapa, por la que entraron los españoles a Tenochtitlán, fue la más importante de la ciudad. No en vano se alzó en ella el palacio de los virreyes. Señalados personajes obtuvieron solares ubicados en esta calle durante la repartición de la ciudad. Fue el caso del exgobernador de Cuba, Juan Gutiérrez Altamirano, a quien, además de la mano de una prima hermana de Hernán Cortés, se le entregó una encomienda en los pueblos de Calimaya, Metepec y Tepamayalco.

El primer palacio de los condes de Calimaya empezó a ser construido hacia 1536, cuando la Ciudad de México tenía sólo quince años de existencia. De aquella construcción nada más quedan pálidos vestigios, pero se cree que la cabeza de serpiente extraída del Coatepantli y colocada en una esquina de la casa pudo pertenecer a aquella construcción.

El gran palacio de hoy, como todos los que quedan en la ciudad, proviene de una reconstrucción ejecutada a fines del siglo XVIII por el arquitecto Francisco Guerrero y Torres, autor del espléndido semblante barroco de incontables palacios virreinales.

Por la fecha en que la reconstrucción fue terminada, 1779, se considera que el palacio de los Condes de Calimaya es uno de los últimos ejemplos de la arquitectura civil del XVIII, antes de que Antonio González Velázquez y Manuel Tolsá impusieran en la capital el gusto neoclásico.

El palacio de una de las familias más acaudaladas terminó convertido en vecindad. Los cuartos accesorios fueron ocupados por comercios de todo tipo: durante un tiempo incluso funcionó allí una cantina. En contraste, el pintor impresionista Joaquín Clausell instaló su estudio en una habitación de la planta alta y dejó en las paredes 1 300 bosquejos pintados al óleo en una cautivante mezcla de paisajes, seres mitológicos y mares encrespados. El edificio fue convertido en el Museo de la Ciudad desde 1964.


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