Casa de las Diligencias

Aquí, en la calle de Gante, entre Francisco I. Madero y 16 de Septiembre estuvo la Casa de las Diligencias.

Cuenta Ciro B. Ceballos en sus memorias que en la esquina del segundo callejón de López se hallaba la cantina Capellanes, centro de escándalos, propiedad de un tal Diego Soto. Enfrente, ocupando una especie de corralón bardeado, se encontraba el Tívoli Central, con cantinas de boliche y billar. Frente a la desembocadura de Gante se encontraba una casa de vecindad. Esa casa, resto de convento, tenía un gran zaguán y en piso bajo y extenso y empedrado había un corral grande, con cobertizos, suficiente para dar cabida a una pensión de caballos, cuyo propietario, que tenía muchos perros, se llamaba Juan Galán. También había allí un depósito de las diligencias que hacían el viaje hacia Cuernavaca y algunas poblaciones del interior, cuyo negocio correspondía a la razón social Gargollo y Compañía.

Las diligencias avanzaban de dos a cuatro leguas por hora, de modo que una diligencia podía ir de costa a costa, de Veracruz a San Blas, 350 leguas, en sólo 11 días.  Descontando el tiempo de descanso, el viajero invertiría 144 horas, un tiempo récord para el valiente que se atrevía.


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