Casa de la Custodia

Justo Sierra número 53,
Casa de la Custodia. El emblema que corona esta casa,
un brazo aferrado a una custodia, recuerda el peor incendio
de la época virreinal, 1676.

Diciembre de 1676. Un ladrón penetra en el templo de San Agustín para robar las tres potencias de oro del Santo Cristo de la Caña y derriba un cirio por accidente. En sólo dos horas arderá la iglesia entera. «Fue una noche fúnebre», escribió un testigo. Se celebraba el aniversario de la aparición de la Virgen. La ciudad entera participaba en las fiestas.

Esa «noche desgraciada para la Nueva España», relata una crónica, hasta el virrey Payo Enríquez de Rivera tomó parte activa en la lucha contra el fuego. Pero las llamas cobraban dimensiones colosales.

Un caballero con insignias de capitán en el traje entró de pronto en el templo y trepó las gradas del altar mayor, que se hallaba convertido en un horno. El capitán era Juan de Chavarría y Valera, caballero de la Orden de Santiago, al que se consideraba «uno de los hombres más piadosos de su tiempo» por su frecuente patrocinio de templos y conventos.

Chavarría rescató esa noche de las llamas uno de los tesoros más antiguos, valiosos y preciados del templo: la Custodia del Santísimo. Salió de éste casi ahogado y con las ropas ardiendo: aquel incendio atroz iba a durar tres días y destruiría una de las obras arquitectónicas más bellas de la ciudad.

En memoria del incendio de San Agustín, la casa donde habitó Chavarría, y en la que murió en 1682, presenta en el remate superior de la portada el relieve de una mano que empuña una custodia: es el emblema con que el gobierno virreinal agradeció su arrojo.

Juan de Chavarría fue sepultado en uno de los templos que había favorecido: San Lorenzo. Sobre su sepulcro se erigió una estatua que lo representaba de rodillas, en actitud de orar. La estatua ya no está desde hace mucho, pero la Custodia nos sigue contando una historia, en lo alto de una casa manchada de excremento de palomas.


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