Casa de Ignacio Manuel Altamirano

Calle de Tacuba (antes San Andrés) y Eje Central Lázaro Cárdenas (antes Rejas de la Concepción).
En este edificio estuvo la casa del escritor  Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893).

Frente al actual Palacio Postal que sustituyó al Antiguo Hospital de Terceros estuvo la casa de Ignacio Manuel Altamirano. La habitó durante años. Antes de que el maestro cumpliera con su misión de cónsul en Barcelona, se mudó a Puente de Alvarado. La casa fue entonces una tienda, La Mariscala, y después una cantina, el Salón Correo. Al final, los estudiantes se reunían ahí, donde Altamirano caminó, y se llamó Café México.

De este lugar salía por la noche Altamirano. Un coche de alquiler lo llevaba a su destino de fiestas y promesas amorosas —por ese entonces, todo su salario como Fiscal de la Suprema Corte de Justicia se lo quedaban los cocheros—. «Es la única frivolidad que me he permitido en la vida», confesaba Altamirano a sus amigos.

Ignacio Manuel está unido a una noche excepcional de la vida nacional. El Liceo Hidalgo y la Sociedad Filarmónica Mexicana ofrecían a su ilustre socia de mérito, la actriz dramática Adelaida Ristori, una velada en su honor en el Teatro del Conservatorio de Música y Declamación. La alocución sería leída, según decían las letras góticas de la invitación, por Altamirano. El discurso de amor traía, entre otras maravillas de la retórica y malabares de la entonación, las flores del elogio. Un silencio respetuoso llenó el salón. Se oyó entonces la voz: «Nosotros no hacemos esta noche más que consagrar con la apoteosis, la aclamación unánime del pueblo mexicano. Acéptala, oh, señora, porque la has merecido por tu talento y por tus virtudes».


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