Capilla exclusiva para la población negra de la ciudad

Calle de Mesones, esquina 20 de Noviembre.
En el siglo XVII hubo aquí una pequeña capilla a la que acudía,
exclusivamente, la población negra de la ciudad.

A la población negra de la Nueva España no se le permitía reunirse en número mayor de tres, «ni en público, ni en secreto, ni de día ni de noche… so pena de 200 azotes». El regidor Guillén Bondat no veía con buenos ojos el crecimiento de esclavos negros en la ciudad: los consideraba «belicosos y bestiales».  En 1598, criollos y españoles tenían a su servicio hasta doce esclavos negros «que se encerraban de la puerta adentro con sólo el amo, que no podía tener defensa, si algo contra él intentaban».

Bondat llegó a pedir que los negros fueran expulsados de la capital. Las autoridades no escucharon las exigencias del regidor, pero se dedicaron a vejar a los esclavos: les prohibieron llevar espadas y dagas, usar joyas, tener gallinas; los amenazaron con azotar a quienes fueran hallados en un sepelio en el que hubiera «más de cuatro negros y cuatro negras», y le impidieron a la población comprarles cosas «que viniesen de Castilla».

Al menos hasta 1750 no se acostumbraba que los esclavos negros se mezclaran con las otras castas en los actos religiosos. Marroqui informa que para el culto de este sector de la población se abrió una pequeña capilla bajo la advocación de San Dimas, en los bajos de una de las enfermerías del Hospital de Jesús. La capilla, cuya puerta daba a la actual Mesones, carecía de altares, tenía piso de tierra y se hallaba «sucia y sombría». Según el cronista, estaba al cuidado de «negros pobres» y «parecía antes una mazmorra que Casa de Dios».

En tiempos de Fernando VI, la situación cambió: se permitió a los negros asistir libremente a los templos. La capilla, entonces, se volvió inútil. Desapareció a mediados del siglo XVIII dejando por todo recuerdo el nombre con que se conoció a aquella calle: San Dimas.


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