Capilla de Aranzazú

Madero número 7
Templo de San Francisco. Aquí estuvo la capilla de Aranzazú, una de las más suntuosas de la Nueva España.

La gran repartición de la nueva ciudad conquistada por Cortés y sus hombres alcanzó a los franciscanos en el año de 1523, cuando el conquistador les donó una inmensa extensión de tierra que se convirtió en el gran convento de San Francisco. El símbolo no podía ser más perturbador, en ese espacio estuvo una parte del zoológico de Moctezuma. Aquel terreno abarcaba desde avenida Madero hasta Capuchinas y de San Juan de Letrán (hoy Eje Central) hasta Bolívar.

En el año de 1716 se concluyó la construcción de la nueva iglesia del convento y el claustro. En el atrio estaban las siguientes capillas: la de los Santos Lugares, el Calvario, San Antonio de Padua y de Aranzazú. En 1766 se construyó la capilla de Nuestra Señora de Balvanera.

La capilla de Aranzazú se inauguró en noviembre de1692. Como no podía ser de otra manera, significaba el poder e influencia de la comunidad vascongada de la Nueva España. De la magnificencia del recinto baste citar un inventario de 1710 que consignaba los adornos de la Virgen del altar mayor: 180 esmeraldas en el traje, 74 diamantes en el velo, y multitud de brazaletes de perlas.

El gran convento de San Francisco fue fraccionado y una parte demolida para abrir las calles de Gante e Independencia (después 16 de Septiembre). Los franciscanos fueron acusados de sedición, de que dentro del convento los frailes conspiraban. Falso. Pero con ese argumento, Ignacio Comonfort expidió, el 16 de septiembre de 1856, este decreto: «Para mejoría y embellecimiento de la capital de la República, en el término de 15 días quedará abierta la calle llamada Callejón de Dolores hasta salir y comunicar con la de San Juan de Letrán y se denominará calle de Independencia».


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