Calle Francisco I. Madero

Calle Francisco I. Madero.
En el año de 1638, el virrey dio la orden de que todos los comerciantes que se dedicaran a labrar o vender oro y plata concentraran sus tiendas en una sola calle. De ahí el nombre de Plateros.

Madero es una de las más antiguas calles de la ciudad. Su trazo se desprende del miedo a la rebelión: después de la sangrienta caída de Tenochtitlán, Cortés disponía de tres avenidas a modo de salida, en el caso de un ataque tumultuario de los indígenas: Tacuba, Iztapalapa y Tepeyac; la cuarta fue San Francisco, otro de los nombres de uno de los tramos de Madero.

Madero fue el gran paseo de la Ciudad de México. En cierto sentido contenía todo lo imaginable de la época: una fuente de sodas, un cine, el alumbrado eléctrico, una gran joyería, el Café de La Concordia, primer centro de reunión de la capital, la pastelería El Globo, el Jockey Club.

Antes de mudarse a las nuevas colonias, como la Roma o la Condesa, los protagonistas del gran negocio en que se convirtió la ciudad vivían en las viejas calles transitadas día y noche por sus habitantes: Alejandro Escandón vivía en Guardiola número 10, Gustavo Esteva en Buena Vista número 17 (después Puente de Alvarado), Luis García Teruel en San Francisco número 15 (después Francisco I. Madero), José Ives Limantour en Corpus Christi número 8 (después Avenida Juárez), Gabriel Mancera en Cordobanes número 5 (después Donceles), el general Carlos Pacheco en Humboldt número 7 (después Héroes), Rafael Reyes Espíndola en Escalerilla número 20 (después República de Guatemala), Ramón Prida en la calle del Pino número 154, Francisco Rincón Gallardo en San Francisco número 7…

La casa es el único bastión frente al horror de la noche.


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