Calle 5 de Febrero, calle de las primeras boticas de la ciudad

Calle 5 de Febrero.
Por su cercanía con el Hospital de Jesús, en esta calle
se abrieron las primeras boticas que hubo en la ciudad.

Se cree que su proximidad con el Hospital de Jesús, el primero que hubo en la Nueva España, es la causa de que hoy la calle 5 de Febrero se encuentre llena de farmacias.

En el Hospital de Jesús, fundado por Cortés en el sitio donde ocurrió su encuentro con Moctezuma, se llevaron a cabo los primeros hitos de la medicina novohispana. Ahí se efectuó la primera autopsia del continente y ahí se realizó también la primera disección anatómica con fines didácticos (1646). El médico Juan Correa practicó ahí 1 252 sangrías, sacó 37 muelas, colocó 92 pares de ventosas y sanó a varias decenas de atormentados, azotados y enfermos.

Era natural que en las cercanías de tan importante establecimiento se instalaran otros dedicados a preparar los emplastos, polvos y pócimas que los enfermos requerían para su tratamiento.

Se afirma que un acaudalado platero fue propietario, en el siglo XVIII, de una botica instalada en esta calle, que entonces se llamaba de la Monterilla.

Al correr del tiempo, a 5 de Febrero le tocó albergar las primeras farmacias homeopáticas: la más antigua, en Monterilla 3, inaugurada en 1870 bajo la dirección del médico Manuel Legorreta. La segunda, la Farmacia Central Homeopática, cuyo propietario fue Ignacio Fernández de Lara, comenzó a funcionar en 1890. Fernández de Lara fue médico de cabecera de dos presidentes: Porfirio Díaz y Francisco I. Madero.

En 1944, Ignacio Merino fundó en esa calle la célebre Farmacia París. Hoy no es posible caminar 5 de Febrero si no es entre prótesis, pomadas, polvos, aceites y emulsiones. Es la calle de las boticas: el sitio en el que se piensa a la hora del dolor y la enfermedad.


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