Baños del Comercio

En el número 22 de esta calle de 16 de Septiembre, antes Coliseo Viejo, se encontraba la casa de Baños del Comercio, famoso establecimiento por su esmerada limpieza.
El dueño se llamaba Ignacio Carranza.

Las casas de la Nueva España del siglo XVIII modificaron su orden y su idea de lo público y lo privado: abrieron amplios ventanales y prefirieron la construcción en entresuelo, que servía para aislar el ruido callejero. Se diseñaron pasillos en rededor de los patios y a los que se abrían las puertas de las recámaras. En las grandes mansiones se dispusieron varias salas: en «la sala de sillas» los visitantes varones trataban con el dueño de la casa; en «la sala de estrado» se reunían las señoras y las jóvenes.

Cuenta Artemio de Valle Arizpe que los arquitectos del virreinato se preocupaban, al delinear los planos de una casa, de la comodidad y belleza de las salas, que entre más anchurosas más hermosas eran: la sala del dosel, la de las recepciones o del estrado, las antesalas, la capilla, el oratorio. Los arquitectos del virreinato jamás pensaban en ponerle baños a la casa. Los baños escasearon durante aquellos tiempos, no sólo los públicos sino los domésticos, muy pocas casas gozaban de sus comodidades, al grado de que darse un baño de agua recibía el nombre de «placer». La gente rica se los regalaba de cuando en cuando, y cuando lo hacían era un acontecimiento extraordinario. Los muy aseados se limpiaban el cuerpo con pomadas olorosas, no con agua ni jabón.


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