Antiguo Templo de Corpus Christi

Avenida Juárez número 44,
Antiguo Templo de Corpus Christi.
Aquí se encontró el corazón del virrey Baltasar de Zúñiga, dentro de una caja de plata.

Al regresar de la procesión de Corpus Christi, el 16 de junio de 1718, el virrey Baltasar de Zúñiga, marqués de Valero, sufrió un atentado: un hombre intentó matarlo con su propio espadín. Se llamaba Nicolás Camacho y había estado recluido en el hospital para dementes de San Hipólito. La leyenda consigna que en acción de gracias por haber resultado ileso, el virrey impuso el nombre de Corpus Christi al convento para indias cacicas que había decidido fundar en la Ciudad de México.

Los conventos de la Nueva España habían sido hechos para criollas y españolas: a las indias les estaba prohibido tomar el hábito. El virrey De Zúñiga, sin embargo, mostró a lo largo de su gobierno gran compasión por los naturales y se empeñó en lograr que Felipe V autorizara la fundación. El proyecto quedó en manos de Pedro de Arrieta, el arquitecto al que hay que agradecer el Templo de Santo Domingo, el ochavado Palacio de la Inquisición, y el templo «donde la religión echó todo su resto y competencia»: la Profesa. De Arrieta terminó el convento en sólo ocho meses, a un costo de treinta mil pesos. Se le construyó en un lote ubicado «frente a los portales de la Alameda».

El virrey abandonó el gobierno de la Nueva España antes de que el edificio fuera inaugurado, en 1724, fecha en la que el marqués fue llamado a ocupar un cargo en el Real Consejo de Indias.

Baltasar de Zúñiga falleció en 1727. Un año más tarde, el coronel Pedro del Barrio entregó al convento una caja de plata con esta inscripción: «Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón»: el marqués había pedido que su corazón fuera inhumado en el convento. Ese misterio de amor ha desatado diversas leyendas.

El corazón fue hallado a principios de este siglo en un extremo del templo por el arqueólogo Octavio Corona Paredes.


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