Antiguo Palacio de la Inquisición

República de Brasil número 33.
Antiguo Palacio de la Inquisición. Edificado por el arquitecto
Pedro de Arrieta en el siglo XVIII, este edificio es uno de los más
bellos ejemplos de arquitectura civil del virreinato.

La gente bajaba los ojos, apresuraba el paso al cruzar por esta esquina.  Fue así durante siglos. En la fachada, arriba del portón sombrío tras del cual no dejaban de suceder historias indecibles de tortura, el escudo del Santo Tribunal de la Inquisición lanzaba una frase terrible sobre la conciencia: Exurge, Domine, Iudica Causam Tuam («Álzate, Señor, defiende tu causa»).

La Inquisición había llegado oficialmente a la Nueva España en 1571, con una ceremonia terrible, efectuada en la Catedral. Ese día, Pedro Moya de Contreras ordenó a los fieles espiarse y delatarse mutuamente como una forma de asegurar la salvación del alma.

La sede del Santo Oficio quedó instalada en unas casas que pertenecían a los dominicos y estaban frente a la plaza de Santo Domingo. Ahí, el arquitecto más notable y prolífico de la primera parte del XVIII, Pedro de Arrieta, levantó un edificio cuya amplitud sólo era superada por el Palacio de los Virreyes.

Para que la construcción pudiera participar de la amplitud de la plaza y tuviera «mayor lucimiento de decencia», Arrieta decidió ochavar la esquina. Así nació en 1732 la «casa chata», en cuyos patios sombríos se hallaban las cárceles perpetuas y de las que salieron, para ser juzgados públicamente, y muchas veces para ser llevados a la horca o a la hoguera, centenares de infelices acusados de herejía, de hechicería, o de haber cometido «pecado nefando».

Al suprimirse el Tribunal, el edificio fue destinado a varios usos. En 1854, un grupo de médicos lo adquirió para inaugurar en él la Escuela Nacional de Medicina, que un siglo más tarde sería trasladada a Ciudad Universitaria. Desde 1980 funciona en este espacioso inmueble el Museo de la Medicina Mexicana.


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